El fenómeno de la economía ha venido
surgiendo desde hace millones de años donde se ha destacado por sus etapas de grandes
ganancias y pérdidas, causado por factores que el hombre muy sutilmente provoca para sacar grandes
ventajas. Claro está que todo lo bueno viene con su “talón de Aquiles”. Es
evidente que tanto productores como consumidores no van a obtener igualdad
de beneficios cuando se involucran
movimientos y estrategias en el mercado económico. Siempre hay un lado que
alcanzará su propósito, pues “el mundo es demasiado grande para satisfacer las
necesidades de todos, pero demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de
algunos” (Gandhi).
Con la llegada de la revolución industrial
se desarrolló la producción en masa y la sociedad de consumo. A medida que la manufactura
aumentaba, las ventas se incrementaban. La calidad era la mejor y los clientes
estaban satisfechos porque el mercado suplía sus necesidades a un buen precio.
Pero todo cambió cuando algunos productores percibieron que los bienes poseían vida
útil poco funcional para la industria y al eliminarla las personas se verían
obligadas a comprar, multiplicando las ventas. Así, nació la obsolescencia
programada, cuya única preocupación y función es maximizar las utilidades
volviendo a los bienes inútiles en un
corto tiempo.
El bombillo fue el primer objeto de este fenómeno,
convirtiéndose en un medio para controlar al consumidor. Desde que este fue
inventado se volvió indispensable para el hombre, por consiguiente al disminuir
su máximo tiempo de duración apareció la necesidad de reemplazarlo en un breve
periodo, generando un mayor gasto e incrementando el mercado económico. Después
otros productos fueron adaptados con esta programación y el hombre ya había
sido totalmente involucrado en una nueva cultura de “usar y tirar”.
Aunque
esto no era suficiente para que los individuos incrementaran sus compras, otro
método era generar una necesidad que no lo era e implementar una idea y
sentimiento de gastar. Por medio del marketing, diseño y la publicidad, las
personas se sentían seducidas por obtener algo nuevo, mejorado o divertido de
lo que ya tenían en sus hogares. Como consecuencia, apareció una generación de
consumidores insatisfechos, que requerían estar
constantemente comprando para alcanzar altos niveles de felicidad, siendo
ésta subjetiva y de corta duración.
Los productores en las fabricas también
estaban desarrollando una serie de problemas, ya que elaboraban manufactura
incompleta, lo cual les creaba frustraciones por el aumento de quejas entre los
consumidores. También había inseguridad, insatisfacción y estrés para ellos,
porque al principio el propósito no se enfocaba tanto en las ventas, sino en la
calidad del producto, esta debía ser la mejor, como fue el caso de la invención
del Nylon y su larga resistencia. Además de la producción sin límites que
estaba creciendo cada vez más. Las consecuencias de esta saturación de manufactura
era disminuir los precios y hacer más asequible los bienes para incentivar su
compra, asimismo llenando a los consumidores de basura y en su mayoría, de cosas
innecesarias.
La acumulación de estos desechos llega a
países del tercer mundo, donde se empieza almacenar todo en un sólo lugar
generando altos niveles de contaminación. Por ejemplo, Ghana lleva soportando
hace varios años este efecto, varios expertos han llegado a la conclusión que
este país se ha convertido en el basurero del mundo y lo más grave aún es que
ya no hay espacio para esto. Es tanto lo que se está produciendo hoy en día que
hay una aglomeración de objetos inservibles. Además, hay un desperdicio de los
recursos naturales, que poco a poco se van a ir acabando, puesto que son
limitados.
Hoy en día nacemos codificados para comprar
se volvió parte de nuestra cultura. Esta palabra se encuentra en cada momento
de nuestras vidas, donde sacamos cualquier excusa para adquirir más de lo
necesario. El mercado económico inventa e innova todo el tiempo para
mantenernos contantemente invirtiendo en sus productos. Hay muchos factores que
nos influyen y están permanentemente acosándonos, como Internet. Esta
herramienta que usamos con frecuencia nos mantiene informados de las nuevas tendencias y sucesos que ocurren
en el mundo. Igualmente, se ha convertido de gran ayuda, ya que muchas veces
nos colabora a simplificar nuestro tiempo y dinero. Además de gestionar y
compartir conocimiento. Sin embargo, no todas las personas tienen acceso a este
instrumento por problemas políticos, sociales, culturales, etc.
Para concluir, todo esto está dado por una
nueva era electrónica en la que nos encontramos. Anteriormente en la sociedad
industrial todo era diferente, había leyes impuestas y no existían tantos
medios para incentivar a la sociedad a consumir, era poco usual comprar por comprar, sino solo
lo que era necesario. A medida que la globalización fue expandiéndose cada vez
más se crearon herramientas y medios para que los individuos sintieran la
obligación de asumir un gasto por cualquier cosa, excusándose en la promoción
que el mercado realizaba para manipular este efecto. En la actualidad estamos acostumbrados
a adquirir en grandes masas bienes que no son necesarios, pero que mueven
grandes economías. El dilema de esta era es que nunca vamos a saber cuándo
debemos parar y lo más probable es que en un futuro muy cercano desarrollemos
problemas por esta incógnita, donde se involucrará el medio ambiente y la sostenibilidad
de la sociedad. Debemos entonces tener en cuenta que esta compra excesiva
afecta también a nuestra salud mental y convivencia.
Bibliografía
-
Cosima, Dannoritzer. Comprar, Tirar, Comprar.Documental.2010.
(Recurso Audiovisual).
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